jueves, 17 de marzo de 2011

In Search For I

¿Qué hacer con una persona sedienta? Ofrecer un vaso de agua sería la opción correcta, e incluso, la más humana, teniendo en cuenta que mediante la extrema ingesta de dicho líquido, se torturaba a los criminales años atrás... Así es el estar solo.

Por una parte, es una necesidad, el hombre se deshidrata, al igual que renuncia al continuo coloquio de la vida... Resignado ante la pobreza de las palabras, busca ser uno, busca ser dos. El debate entre quien es, y quien pretende ser. El individuo en sí se aisla, teniendo en cuenta conductas altruistas que incitan al mismo a no intervenir en la palabrería ajena, a sabiendas de que arruinaría dicha espiral comunicativa.

Por otra, hay quien no la busca, quien continuamente, busca el método para hablar, para ser escuchado, y sin embargo, el canto acecha al diente.

Hablar por hablar es inútil, como inútil es perder el tiempo.

Perder el tiempo... El segundero sigue engullendo porciones de tiempo a velocidades de vértigo, además de exigir cierto grado de soledad en el cual conversemos con nosotros mismos (mientras los minutos siguen escapándose)

Silencio, maldita tortura el no poder hablar, maldita discrepancia de nuestra propia pretensión, que ayuda a la ausencia de la palabra a seguir amartillando el alma, seguir curtiendo una coraza, que te haga inmune a todo... Tanto a lo bueno, como a lo malo. Espera un tiempo, y deja de sentir.

Tiempo, se marcha, como se han marchado quince minutos plasmando mi propia resignación sobre el folio que se encargará de enterrarme poco a poco.

Secreto... A voces, y sin embargo, inexistente... Quién pudiera desprenderse de su más oculto misterio...

Un secreto dicho ya... Diez años para amanecer entre botellas de vino, colillas y demás estiércol. Diez años para que todo adjetivo que me defina sea despectivo... Destrozado, borracho, tirado, fracasado. Pero todo esto, al menos, tendrá justificación.

¿Discrepas? ¿Crees que llegaré a ser alguien?...

Dejaré tu discrepancia en entredicho.