¿A quién das gracias eternamente, a la madre que te hizo un hombre, alimentándote día a día, y mostrándote el buen camino, o a aquella persona que por meros intereses, muestra un falso afecto?
No te engañes... Somos tan pobres de espíritu, que anteponemos una noche de farra al bienestar de nuestros cercanos.
Vivimos en nuestra propia mentira. Tratamos de conservar cosas inexistentes, o sostener con falsos pilares sensaciones y afectos que ya no son parte de nosotros.. No por otra cosa que por lástima a lo que alguna vez fue agradable... Si por nosotros fuera, y no por nuestros verdugos, haríamos desaparecer millones de cosas, que conservamos para memorar pensamientos sin auténtico valor.
Que por valor real, vergüenza tendría que darte regalar más muestras de afecto a la zorra de turno que a tu propia madre... ¿O no es así?