Eres tú... Gratificante sorpresa la mia, de saber que el sentir no se fundió ante aquel sol de junio. Creía que ya no existías, que tu corto pero entrañable paso por la vida no había quedado más que en ceniza. Detuviste tu proceso de inmolación para volver conmigo y acompañarme. Quisiste pintar las paredes de mi gris mundo en rojo y verde, aquellos dos traviesos colores que siempre sobresalen y se anteponen al resto.
La delicadeza de los pétalos que cubren toda tu piel, hoy son símbolo de que aun sigo vivo. Tu esencia ha hecho resucitar aquel sentido enterrado.
Te eché de menos... Sinceramente... Creía que eras un verdugo más de esta vida asemejada a un continuo sendero de afilados cristales. Me di cuenta de que tus castigos son el placer de esta vida, la verdadera fragancia del vivir, el saber que hay algo... Algo, por delante tuya, muy por delante tuya.
Gracias por devolverme la esperanza de que la monotonía no se hará dueña de mi mente, gracias por la monotonía, la sapiencia de que viviré lo mismo de siempre, pero con otros protagonistas, otro escenario, y otra flor que cuidar.
Ahora al asomarme a la ventana no veré cielo ni lluvia... Veré aquellos paisajes de antaño, aquella bendita agua que caía de un techo huérfano de luna.
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