martes, 11 de mayo de 2010

Everytime I Die... 2nd Chapter

Una derrota enmascarada. Un viaje con rumbo a la inexpresividad. Asientos llenos de personas, más vacíos de humanidad. Canciones infantiles y despreocupantes en una mezcla mortal con el amor frustrado.

Y allí estaba, solitario entre la multitud, inmerso entre desconocidos, buscando alternativas de más productividad que la desgana.

Una entrada sin luz, un refugio sumido en tinieblas. Vientos y brisas que transportaban todos esos sentimientos que unos ojos no pueden captar en sus retinas. Confianza en el sonido del aire azotando hasta la última formación rocosa del lugar.

Qué duro puede llegar a ser el compartir el aire. Un aire embriagador y venenoso a la par.

Enfado, dolor, ira. Sensaciones unidos que hacen del ser humano el arma más mortífera. Ojos que vuelven a ver, el cuadro más triste de la vida. Un cuadro llamado realidad. Una realidad que más valdría no haber palpado en vida.

Pero es inevitable. Tarde o temprano habríamos llegado a este lugar. Tarde o temprano nos hubieran engañado.

Y ese viento, que azotaba aquel oscuro lugar, sopló con fuerza, dejando entrever la autenticidad de la verdad, un soplido de veracidad al corazón, mientras que densas nubes hacían del paisaje, el más desolador y místico panorama jamás visto. Un paisaje modificado por el dolor propio. Un dolor propio, creador de misticismo y extravaganza.

Si más tarde hubiera nacido, seguro que más tarde me hubieran engañado.

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