El pasado... Como aquel amigo lejano, aquel, al que solo ves cuando viene a verte. Un concepto para definir a todo aquello ya sea bueno o malo, sucedido tiempo atrás. Es más que eso...
Puede ser o un estímulo o nuestra perdición, todo depende de nuestras mentalidades.
El pasado... Ente capaz de manejar tus conductas a su antojo, motivos de sonrisas y llantos, exhuberante pensamiento inmerso en la monotonía de nuestras mentes.
Puedes crecerte ante tu pasado, pero nunca deshacerte de él.
Un fragmento de una danza que acabará tarde o temprano, una danza que puede ser culminada de la más bella de las formas, o sin embargo, destrozada por un fallo a destiempo.
Nubes que no vemos, esas nubes de las tardes de otoño, que ocultaban los rayos de un desesperado sol, intentando abrirse paso entre tal maraña de vapor blanco.
Eres parte del pasado, pero capaz también, de abrirte paso entre las fronteras del tiempo, converirte al presente, e incluso al futuro.
Pues tal es tu fuerza, que hasta desaparecida yo te veo todos los dias...
No existes, pero te escribo, esa es tu fuerza, la de existir en la inexistencia.
Parece ser que esas nubes de otoño, trajeron consigo la fria luminosidad de la luna, llevándose así el calor que desprendias...
Prefiero sentirme frío, a morir ante tus fervorosas llamas...
Adios, para siempre.
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