martes, 24 de mayo de 2011

Blood Portrait (Sentence Pt. IV)

Esa era la estampa. Qué desdicha la suya, un loco abandonado a la nterperie en una caverna repleta de retinas sumidas en el desprecio y el prejuicio. Un necio predestinado a contar segundos en una oscura calle. Él siempre decía que la divinidad estaba muy cerca, y que tenía el poder de nunca envejecer.

Tras las nubes volvió a traslucir una luna que iba apareciendo con soltura en la escena cual talentoso actor, involucrada permanentemente en la poca luz de esa noche.

Él apostaría la cabeza a que la perfección estaba prácticamente a su lado, y sin embargo, aislada absolutamente de su mundo, a pesar de la existencia de coloquios recíprocos con ella.

-¿Cómo salir de aquí?- se preguntaba.

Siempre había pensado que la fórmula para acabar con su desdicha era el hallazgo de lo exacto, el no fallar en nada. Consideraba que las cosas se hacían equitativamente mediante la reflexión y la acción, pero sus desordenados criterios siempre le negaban el permiso para dar paso a la acción.

Era prisionero de él mismo, y sin embargo, lo veía como un juego, el reto de tener que salir de sí mismo. Mientras marchaba caminando sobre una lluvia cada vez más fuerte, encontró un retrato. Lo cogió mientras se le oía decir algo.

-Es la perfección.

Tras esto, volvió a quedarse allí, observando aquella imagen durante horas, a pesar de que la temperatura comenzaba a bajar alarmantemente.

Él no tenía frío, o mejor dicho, el frío era un alfiler en la mano derecha mientras que el retrato era un clavo que atravesaba todo su brazo izquierdo. Solo notaba dolorido el brazo izquierdo, a pesar de que de la mano derecha, comenzaba a brotar sangre vastamente.

El sol iluinó las calles y, él, seguía allí, impenetrable y observando atentamente el retrato.

Acto seguido, hizo un gesto de determinación con el brazo derecho, tomo el retrato y comenzó a caminar sin rumbo alguno.

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